… Siempre habrá una razón

En el ocaso de mi personalidad,
en la  desdicha que encierra
la frase abrumadora
que arrulla en el interior y
propone un futuro incierto,
las caricias de mi pensamiento,
tajantes y hostiles, como la vida misma,
caricias que inexorables
quitaron alas y cielo
a mis ilusiones,
dibujando sombrías
las veredas de mis fantasías,
entosigaban, aún más, mis macilentos días,
Cansado ya de mi sombría vida,
decidí morir…
Dios, triste, al contemplar
como la ingente sombra
era mi única amiga,
decidió brillar, su amor se hizo luz,
resplandor que guía
y reconforta al alma que yace yerta,
que muere vacía,
hallé una razón y
había una nueva cada día,
una oportunidad para amar,
para soñar…
para vivir, para olvidar.